sábado, 21 de octubre de 2017

Un lobo no tan feroz
Yo vivía en un lugar llamado bosque y me gustaba mucho; siempre trataba de mantenerlo ordenado y limpio así se podía oler las esencias de las rosas por las mañanas.
Un día soleado, mientras estaba recogiendo las basuras dejadas por unos turistas que estuvieron el día anterior, sentí pasos. Me escondí detrás de un árbol y vi venir una niña vestida en una forma muy cómica: toda de rojo y su cabeza cubierta, como si no quisieran que la vean. Andaba alegre y comenzó a cortar las flores de mi bosque, sin pedir permiso a nadie; me puse a investigar.

Le pregunté quién era, de donde venia, a donde iba, a lo que ella me contesto, cantando y bailando, que iba a la casa de su abuelita con una canasta para el almuerzo del día.
Me pareció una persona decente, pero estaba en mi bosque cortando flores. De repente, sin ningún remordimiento, se acercó una avispa que volaba libremente, se le coloca en su pelo y mató en ese instante a la avispa.
Así que decidí darle una lección y enseñarle lo serio que es meterse en el bosque sin anunciarse antes y comenzar a maltratar a sus habitantes.

La dejé seguir su camino y decidó ir a la casa de la abuelita. Cuando llegué me abrió la puerta una simpática viejecita, le expliqué la situación en la que su nieta estaba involucrada. La abuelita estuvo de acuerdo en que su nieta se portó mal y que merecía una lección. Entonces la abuelita y yo acordamos un plan donde aceptó permanecer fuera de la vista hasta que yo la llamara y se escondió debajo de la cama.

Cuando la niña llegó a la puerta, la invite a entrar al dormitorio donde yo estaba acostado vestido con la ropa de la abuelita. La niña llegó sonrojada, y me dijo algo desagradable acerca de mis grandes orejas; trate de controlarme para no contestarle que se trataba de mi. He sido insultado antes, así que traté de ser amable y le dije que mis grandes orejas eran par oírla mejor.

Ahora bien me agradaba la niña y traté de prestarle atención, pero ella hizo otra observación insultante a cerca de mis ojos saltones. En ese momento, pensé que debía poner la otra mejilla y le dije que mis ojos me ayudaban para verla mejor. Pero su siguiente insulto sí me hace enfadar. Siempre he tenido problemas con mis grandes y feos dientes y esa niña hizo un comentario realmente desconsiderado.

Se que debí haberme controlado pero salté de la cama y le gruñí, enseñándole toda mi dentadura y diciéndole que eran así de grande para comerla mejor. Ningún lobo puede comerse a una niña, todo el mundo lo sabe. Pero esa niña empezó a correr por toda la habitación gritando y yo corría atrás de ella tratando de alcanzarla y calmarla. Como tenía puesta la ropa de la abuelita y me molestaba para correr, me la quité pero fue mucho peor, la niña gritó aun más.

De repente la puerta se abrió y apareció un leñador con un hacha enorme y afilada. Yo lo mire y entendí que corría peligro, así que salté por la ventana y escapé.

Mientras que corría hacia el bosque, la abuelita no contó mi parte de la historia donde se acordó un plan a la niña y ni al leñador; y no pasó mucho tiempo sin que se corriera la voz que yo era un lobo malo y peligroso. Todo el mundo comenzó a evitarme.

Pasaron años de lo sucedido y todavía pienso en la niña vestida de rojo, si no hubiera aparecido en mi bosque, nada de lo ocurrido hubiera pasado en ese entonces, pero así es la vida donde uno se encuentra con personajes que pueden cambiar tu historia y vida que nunca se ha contado antes.


En este caso, esta historia fue contada diferente y por otra persona, ya que le pasó a mi hermano gemelo y me convierto en él para contarles que ahora yo soy el protagonista de esta historia nunca contada de la versión original.

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