jueves, 2 de noviembre de 2017

La historia del buen lobo feroz (Una serie de eventos desafortunados)

Les voy a contar la historia de tres hermanos cerditos, que habían tomado la decisión de construir sus propias casas por miedo a este lobo feroz que habita en el bosque.
 El lobo feroz el malo de la historia, es quien les narra este relato. En estas líneas vengo a contarles la verdad, soy un lobo común y corriente, gris, peludo, grande, pero con un corazón muy grande, es decir, sólo busco amigos.
Hace tiempo atrás conocí a una loba en el bosque, nos hicimos grandes amigos, salíamos a jugar, juntábamos frutas, verduras, y algunos elementos extraños. Al cabo de un tiempo nos enamoramos.
Pasados los días me enteré que seriamos padres de diez cachorros. He aquí el problema, la paternidad, de un día para el otro diez cachorros a quien asistir, alimentar, jugar. Un día salí en búsqueda de aire, de amigos, alguien a quien poder contar lo que me pasaba.
Me enteré de que tres hermanos cerditos construían sus casas cerca de la guarida, fui  en búsqueda  de amistad olvidándome de cómo los demás me veían. Cuando conocí al primer cerdito, estaba construyendo una casa de paja, en el camino una abeja mordió mi lengua cuando me acerque grité, “Cerdito, ábreme la puerta”, no respondió.
En ese momento de alegría dije: “correré, correré y a un amigo abrazaré”. El cerdito no entendió, escuchó que lo iba a comer, en los pocos pasos que me quedaban para llegar a su casa una mariposa se posó en mi nariz y me dio alergia, estornudé tan fuerte que la paja derribé, al primer cerdito sin casa dejé.
Muy triste continué mi camino sin tener ningún amigo, mis cachorros y la loba aún rondaban en mi cabeza.
En el camino una casa de madera encontré, me emocioné. Corrí una vez más, y no saben lo que pasó, una abeja picó mi lengua. Cuando me acerqué le pedí al segundo cerdito que abriera la puerta, no respondió. Volví a repetir: “correré, correré y a un amigo abrazaré”, en esos pasos que me quedaban hacia la casa con un mosquito me encontré, me picó la cola. Corrí tan fuerte que derribe la casa del segundo cerdito.

Mi camino continué, sé que un tercer cerdito construía una casa cerca. Cuando llegué pude ver una casa de piedras, me emocioné, corrí, grité y el timbre toqué. Allí los tres cerditos estaban esperándome, los tres tenían mucho miedo, les conté sobre mi historia de amor y pudimos charlar. Ahí fue cuando no les parecí tan temeroso. Los abracé y a mi hogar regresé. Los tres cerditos hoy son los padrinos de mis cachorros.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

¡CAPERUCITA ROJA CELEBRA CONMIGO!

Mientras iba paseando por la gran ciudad, observé a lo lejos a una niña que había visto en el tiempo de “Había una vez”, pero en ese tiempo...