Les voy a contar la
historia de tres hermanos cerditos, que habían tomado la decisión de construir
sus propias casas por miedo a este lobo feroz que habita en el bosque.
El lobo feroz el malo de la historia, es quien
les narra este relato. En estas líneas vengo a contarles la verdad, soy un lobo
común y corriente, gris, peludo, grande, pero con un corazón muy grande, es
decir, sólo busco amigos.
Hace tiempo atrás conocí a
una loba en el bosque, nos hicimos grandes amigos, salíamos a jugar, juntábamos
frutas, verduras, y algunos elementos extraños. Al cabo de un tiempo nos
enamoramos.
Pasados los días me enteré
que seriamos padres de diez cachorros. He aquí el problema, la paternidad, de
un día para el otro diez cachorros a quien asistir, alimentar, jugar. Un día
salí en búsqueda de aire, de amigos, alguien a quien poder contar lo que me
pasaba.
Me enteré de que tres hermanos
cerditos construían sus casas cerca de la guarida, fui en búsqueda
de amistad olvidándome de cómo los demás me veían. Cuando conocí al
primer cerdito, estaba construyendo una casa de paja, en el camino una abeja
mordió mi lengua cuando me acerque grité, “Cerdito, ábreme la puerta”, no
respondió.
En ese momento de alegría
dije: “correré, correré y a un amigo abrazaré”. El cerdito no entendió, escuchó
que lo iba a comer, en los pocos pasos que me quedaban para llegar a su casa una
mariposa se posó en mi nariz y me dio alergia, estornudé tan fuerte que la paja
derribé, al primer cerdito sin casa dejé.
Muy triste continué mi
camino sin tener ningún amigo, mis cachorros y la loba aún rondaban en mi
cabeza.
En el camino una casa de
madera encontré, me emocioné. Corrí una vez más, y no saben lo que pasó, una
abeja picó mi lengua. Cuando me acerqué le pedí al segundo
cerdito que abriera la puerta, no respondió. Volví a repetir: “correré, correré
y a un amigo abrazaré”, en esos pasos que me quedaban hacia la casa con un mosquito
me encontré, me picó la cola. Corrí tan fuerte que derribe la casa del segundo
cerdito.
Mi camino continué, sé que
un tercer cerdito construía una casa cerca. Cuando llegué pude ver una casa de
piedras, me emocioné, corrí, grité y el timbre toqué. Allí los tres cerditos
estaban esperándome, los tres tenían mucho miedo, les conté sobre mi historia
de amor y pudimos charlar. Ahí fue cuando no les parecí tan temeroso. Los
abracé y a mi hogar regresé. Los tres cerditos hoy son los padrinos de mis
cachorros.
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